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Para qué dibujar: una anécdota.

Miguel Ángel, que quería ser escultor y no pintor (a pesar de que luego también fue pintor y además arquitecto), se veía obligado por su maestro, Bertoldo, a dibujar uno y mil modelos antes de que éste le permitiera tomar el escoplo y un bloque de mármol para empezar a plasmar su espíritu creativo dando forma a la piedra.

En una de esas sesiones de clase, que se daban en el jardín de las esculturas de Lorenzo de Médici, mientras Miguel Ángel, todavía adolescente, le mostraba a su maestro los avances en el dibujo, Bertoldo le responde: "tú dibujas bien, pero también es importante saber por qué uno tiene que dibujar bien.

El dibujo es una vela que puede ser encendida para que el escultor no tenga que andar a tientas en la oscuridad, un plan para comprender la estructura que uno está contemplando (...). El dibujo es la forma suprema de borrar tu ignorancia sobre un tema, establecer la sabiduría en su reemplazo (...) Dibujar es aprender. Es una disciplina, una vara de medir para averiguar si hay honestidad en ti. Revelará todo cuanto eres, mientras que tú imaginas que estás revelando a otro"


Todos los derechos reservados Pablo Barbadillo © 2013